miércoles, 25 de julio de 2018

La maquina del Tiempo



Listo. Ya está. Tengo papel, el lápiz de la escuela, una linterna para alumbrar por si se hace de noche, la palita del abuelo y muchas ganas de escribirte algo. Esta carta la voy a dejar en mi máquina del tiempo, así te llega. Es una carta para vos, o sea para mí, pero cuando sea grande. Conseguí un frasco de vidrio, grande, con tapa. Te voy a escribir, voy a guardar esta carta dentro del frasco y voy a enterrar el frasco, con la carta adentro, debajo del limonero del fondo. ¡Esta es mi máquina del tiempo!
Acordate, no vaya a ser cosa que no encuentres la máquina. Si caminaste tres pasos desde el limonero hacia el fondo e hiciste el pozo ahí, seguramente vas a estar leyendo esta carta. Sé que vas a leerla dentro de mucho, mucho tiempo. Quería contarte que hace un rato vine de lo de la tía negra. Ayer fue viernes y a la noche me llevo papá. Estaba el programa ese del plim, plim, plim de Larrea. Después de comer, la tía me regalo uno de esos alfajores que tanto me gustan. Como seguramente ya sabes, con Adriana y Cristina estuvimos hablando de lo que voy a hacer cuando sea grande. Les dije que voy a ser “Avionero”, me dijeron que no se dice así. Que se dice “Piloto de Avión”. Es lo mismo, como se diga. Quiero volar. Espero te acuerdes. Por favor, hace todo lo posible por que sea feliz. Ojalá leas mi carta. Te mando un beso.
Esta carta la escribí hace treinta años. Hace un tiempo encontré en un kiosco un alfajor Suchard. Pensé que esos alfajores habían dejado de existir. Encuentro una relación directa e involuntaria entre esos alfajores y mi tía Negra. Todos los viernes, religiosamente, me quedaba a dormir en su casa. Tenía unos ocho años y mi papá tenía que llevarme a dormir a lo de mi tía. Había un programa de televisión conducido por Hector Larrea que sólo iba los viernes por canal once. Con Larrea me daba cuenta que era viernes y empezaba a pedirle a mi papá que me lleve a mi lugar en el mundo. Llueva o truene tenía que llevarme. Ya en lo de mi tía Negra, ¡aparecían estos alfajores! ¡Los Shuchard rellenos de Mousse! ¡Un manjar!
No pude evitar comprar uno de esos alfajores. La nostalgia me pudo. Cuando estaba pagando me acordé, ¡la máquina del tiempo! Ese invento en el que había pensado cuando tenía 8 años. Llegue a casa después del trabajo, agarré una pala, fui al limonero, di dos pasos hacia el fondo y ahí estaba. La máquina del tiempo. Entendí que tres pasos eran mucho, con dos iba a estar bien. Algunos puntazos y el frasco apareció. Lo saqué con cuidado, estaba bastante sucio, y en su interior estaba la carta. Mi carta. Un poco amarillenta, con algunas manchas, por el paso del tiempo . Pero ahí estaba. Me lleno de nostalgia. Mil imágenes vinieron a mi mente. Podía recordar cada movimiento del día que mande mi máquina del tiempo a viajar. ¿Como fue que un chico de ocho años había tenido tal ocurrencia?
Tomé papel y lápiz para contestar mi carta. Me escribí a mí. A ese nene de 8 que había puesto esa carta ahí. En definitiva, éramos dos personas diferentes.
La verdad es que no sé cómo hacer para que esta carta te llegue a vos. Me parece que la máquina del tiempo solo funciona hacia el futuro. Te cuento que, finalmente, no fuiste piloto de avión. No me quedé de brazos cruzados. Averiguamos, si. Pero no se dió. No teníamos muchas chances. Hice lo que pude, espero que no te enojes. Cuando me di cuenta que ser piloto iba a ser imposible, intentamos ser locutor, o periodista, para trabajar en una radio. Nos encantaba la radio. Tampoco funcionó. Finalmente, estudiamos algo relacionado a las palabras. Pensalo así, usar las palabras para contar historias también es una manera de volar. Volar con la imaginación. Se puede volar alto y viajar a los lugares que quieras. Todo está en vos. En cuanto a la felicidad… que se yo. Hay unos días más felices que otros.
Ahora, te voy a pedir un favor. Dale un abrazo gigante y un beso interminable a tu papá Roberto. Seguro que lo tenés por ahí con vos. Hace mucho que yo ya no lo tengo conmigo. Y el viernes, cuando vayas de la tía Negra, hace lo mismo con ella. Abrazalos fuerte… y deciles que los querés mucho. Y nunca tengas miedo a la oscuridad, nada es tan grave como lo sentís ahora. Un beso para vos también. Te quiero mucho, enano.

miércoles, 18 de julio de 2018

De Chinos y Supermercados



Sábado a la noche. La llovizna cae fuerte sobre la noche de Luis Guillón. Estamos muy cerca de las nueve de la noche. Voy decidido al chino de la vuelta de casa a comprar mozzarella para unas pizzas. Vienen a casa unos amigos que hace mucho que no veo. La lluvia liviana no me detiene. Tanteo el bolsillo trasero del pantalón esperando tener la billetera, por suerte está ahí. Meto las manos en los bolsillos de la campera, encojo mi cabeza entre los hombros, achico los ojos para que la llovizna no me moleste tanto y avanzo decidido.

Siento que algo vibra en el bolsillo de mi pantalón. Saco una de las manos del bolsillo y agarro el celular. La pantalla se ilumina, es Paula. Un mensaje de whatsapp me dice “traé cerveza”. Miro la hora. El celular me muestra las 20:55, estoy a dos cuadras del destino y a cinco minutos de las nueve de la noche. Quien vive por estas Pampas sabe que existe una reglamentación absurda que prohíbe comprar alcohol después de las nueve de la noche. Guardo rápido el celular para que no se siga mojando. Redoblo el esfuerzo sobre mis pasos y avanzo lo más rápido que puedo.

Entro al Supermercado como si fuese un atleta destacado de marcha. A la pasada miro al chino y le aviso que voy a llevar dos Cervezas Patagonia, porque no traje envases.

Busco las botellas, corro hacia la góndola por la mozzarella. El reloj marca las 20.58. Llego a la caja, el chino le está terminando de cobrar a una vecina del barrio que intenta darme charla. Sinceramente no me importa, no escucho lo que dice. Estoy concentrado en la hora. Lo único que me interesa es poder comprar las dos cervezas antes que el reloj marque las 21:00.

Mientras le está dando el vuelto a la vecina intento explicarle mi problema, me contesta con su acento característico "No pasa nada". Llegué, es mi turno. Estoy a punto de pagar. Me doy cuenta de que ya son las nueve. Siento que las cervezas se transforman en calabaza. Mi noche de pizzas y cervezas con amigos se derrumba. El chino nota mi nerviosismo y me repite con su español trabado "No pasa nada, tranquilo". Me cobra, siento que la tarea está cumplida.

Observo el ticket y me doy cuenta de que estoy pasado del horario. Lo miro, me mira, conectamos. Él entiende - rápido de reflejos - lo que estoy pensando. Mantiene la mirada y asiente con la cabeza. Sonrío y agradezco con el mismo gesto. Juntos nos fundimos en una fraternal cultura Argentina. Vuelvo a mi casa, envuelto en la llovizna nocturna, con las cervezas. Esa noche, el chino fue un poco más Argentino.


martes, 9 de junio de 2015

Ámola Doyle, música de autor


Pocas cosas hacen levantar las pulsaciones de un moribundo domingo por la noche. El pasado 29 de mayo fui testigo de uno de esos momentos en donde se detiene el tiempo para que disfrute el alma.
Eran cerca de las 21 horas cuando llegue a Café Dumas. Un cálido lugar en la bella ciudad de Monte Grande. Allí se respira buena música y exquisita comida. Ni bien crucé la puerta, la noche se volvió mágica. La mística comenzó a hacer su trabajo. 
Sobre el escenario esperaban los instrumentos de la banda responsable de mi presencia en el lugar. Tomé mi mesa por asalto y me relajé. El amor sentado frente a mí, la música y un excelente vino fueron parte del buen momento que intento relatarles. Todos los sentidos estaban a flor de piel. 
La banda de sonido de la noche fue Ámola Doyle, ellos se definen como “música de autor”. Refinados y sentidos sonidos latinoamericanos que surcan el aire y quiebran la monotonía de un domingo cualquiera. Ámola Doyle dejó su huella en lo profundo del corazón de los presentes. Música nuestra, con olor a lluvia y tierra mojada. Acordes con aroma a pasto recién cortado. Música ejecutada con gran sensibilidad.
Los responsables de invocar a los ancestros de nuestra tierra fueron Leandro Tornello en voz, guitarra y cuatro. Facundo Lombardi en voz, guitarra, ronroco y charango. Julián Abrego encargado de la percusión, el clarinete y coros. Carolina Mior en violín. Alejandro González en guitarra y coros más Christian Guerrieri en bajo, contrabajo y coros. Ellos dicen que "Ámola Doyle no tiene muchos sueños: con uno sólo le alcanza para dormir". La sencillez y la humildad de estas palabras se reflejan en lo emotivo de su música.

Los instrumentos fueron acompañados con el ensamble armónico de las voces de Leandro y Facundo. Sin dudas, el punto más alto del show fue cuando la lengua Quechua se apoderó del escenario en el tema “Imamantataq". Una canción de cuna escrita para el joven Fausto, hijo de Facundo. 
La música de Ámola Doyle, la comida, el ambiente y la buena compañía en Café Dumas cerraron una semana diferente, de ensueño. Los que vivimos aquella noche, nos fuimos a descansar con una sonrisa en los labios y algunas caricias en el alma. Con un beso de buenas noches. 
Si todavía no lo hicieron, los invito a escuchar esta banda. Se las recomiendo. Una linda propuesta para cualquier día de la semana. Inclusive, un domingo. 

https://www.facebook.com/amoladoyle

miércoles, 7 de enero de 2015

Bienvenidos al nuevo mundo

Por Luis Alberto Climenti
 
La comunicación avanza a paso firme. Lo social se vuelve virtual. Existe una velocidad que no deja de sorprenderme. El mundo está en “nuestras manos” y lo vivimos con la naturalidad de lo cotidiano. 
 
Particularmente utilizo las redes sociales de manera avanzada.
 
Además, escribo un blog que cuenta con más de 3200 visitas. Trata temas de interés general.
 
Recibo visitas de diferentes lugares del mundo. España, Francia, Estados Unidos, Perú, Rusia, Chile, Colombia, México y Argentina, por supuesto. Este es un fenómeno nuevo. Hace algunos años para llegar a lectores en todo el mundo debiera haber sido columnista de un medio internacional. Hoy solo basta con tener una idea, un blog y generar contenido de interés en la web.

El hombre común ingreso a un nuevo mundo. Es una gran oportunidad para pensar como usamos y como nos relacionamos con estas nuevas tecnologías. Sin dudas, es un momento positivo pero debemos buscar el equilibrio saludable entre la comunicación virtual y la comunicación física-real.

Una buena foto seguirá siendo una buena foto. Pero no dejemos de disfrutar la inmensidad del paisaje.



Columna publicada en la Revista Estilo Canning, número #94 - "Especial fin de año".

jueves, 27 de noviembre de 2014

La era de la Comunicación

Por Luis Alberto Climenti

El mundo en nuestros dedos - Foto: fad.es
Las comunicaciones avanzan. Lo social se vuelve virtual. Lo físico se vuelve Individual. Las nuevas tecnologías y las comunicaciones quizá son el avance más grande del hombre en los últimos doscientos años. 

Hoy tenemos la posibilidad de acceso libre a la información gracias a la web. Quien accede a la información marca la diferencia. Sin dudas, el manejo de la información representa un gran poder. 

Esta posibilidad se da gracias a la comunicación virtual o digital. En los tiempos que corren, existe una velocidad y una instantaneidad que no deja de sorprenderme. Vivimos este nuevo momento con la naturalidad de lo cotidiano.

En la actualidad las nuevas tecnologías nos brindan la posibilidad de almacenar gran cantidad de datos. La posibilidad de compartir o conectarnos con personas en cualquier lugar del mundo. Solo basta con tener un dispositivo móvil con una conexión de datos o wifi. La velocidad de transmisión de datos es asombrosa y va en ascenso. Tenemos la sensación de tener el mundo está al alcance de nuestras manos o a un clic. Vivimos en un tiempo de experiencias compartidas de manera virtual. 

La comunicación virtual está generando nuevas formas de relacionamiento entre las personas. Las nuevas tecnologías y las redes sociales están moldeando un nuevo mundo. Todo (o casi todo) lo podemos hacer desde un dispositivo móvil. Buscar trabajo, tomar fotografías, compartirlas, escuchar música online, conversar con amigos o familiares con aplicaciones de celulares sin importar dónde estemos. Podemos leer diarios, novelas, pedir comida, comprar lo que se nos ocurra vía nuestro teléfono o la web. Eso si, la conexión de datos (o wifi) nos tiene que ayudar para conectarnos al mundo. La infraestructura es necesaria.

Infinidad de cuestiones cotidianas se virtualizan. Se digitalizan. Se comparten. Las fotos y los video se viralizan rápidamente. El mundo está cambiando y no descubro nada por mencionarlo. Somos consumidores y productores de contenido. Somos productores de sentido. La comunicación virtual es mediada por una pantalla. 

Hoy Twitter es el lugar donde los medios de comunicación tradicional recurren con el fin de tomar información de primera mano o generar un vínculo con su público. Es allí donde se gestan los nuevos “comunicados de prensa”. En menor medida Facebook también es utilizado por personalidades o por empresas para comunicar sus novedades. Entender está nueva lógica es la obligación de todos los comunicadores.

Las nuevas tecnologías llevaron al hombre a un mundo nuevo. Las distancias se acortan. Los costos se reducen. Las comunicaciones avanzan. Las ciudades se vuelven más inteligentes y digitales. En mi opinión quien maneje la comunicación de manera profesional tiene un plus.

Es una gran oportunidad para pensar como usamos las nuevas tecnologías. Es importante pensar como nos relacionamos con nuestros dispositivos electrónicos. Como nos comunicamos con un otro lejano y que nos pasa con quien tenemos al lado. No podemos dejar de pensar como nos relacionamos con nuestro entorno. Vemos a diario dos personas en una mesa de un bar, a menos de un metro de distancia, con su mirada inmersa en la pantalla de sus teléfonos celulares. Conectados a este nuevo mundo pero desconectados entre sí. Es un llamado de atención. La vida sigue siendo social.


Estoy convencido que la comunicación virtual es positiva, pero es saludable buscar el equilibrio entre la comunicación virtual y la comunicación física-real. Una buena foto seguirá siendo una buena foto (y está bien compartirla). Pero no dejemos de disfrutar la inmensidad del paisaje. 


martes, 11 de febrero de 2014

Adriana Varela, sobre Tango y Rock


Tremendamente inmensa es Adriana Varela. Tremendamente humilde, también. Una persona sencilla que cuando sube a un escenario es un huracán. Su impronta ilumina el mundo entero. Tuve la suerte de conocerla en una nota que me toco hacerle, junto a Damian Urquiza, para la revista “El Cruce”. Revista  que publica la Universidad Nacional de Lomas de Zamora

Contrario a lo que pensaba, la note muy cercana al Rock. Aunque en algún punto, luego de descubrirlo, era una cercanía visible. Muy influenciada por Luis Alberto Spinetta, por los Beatles, por Charly Garcia. Pensé que iba a encontrarme con una persona con la que íbamos a hablar solo de tango y no fue así. En la nota nos contaba que su ADN musical está compuesto por el tango, pero también por el rock. 

Si tuvieses que definirte como artista ¿cómo te definirías?

Inconsciente. Lo cual no quiere decir irresponsable. Inconsciente. Para mí, si tuviera que definirme como artista. En verdad, yo no me autodefiniría. El tema de autodefinirse me parece un garrón. Pero si yo tuviera que definirme me definiría como una inconsciente. Absolutamente. Como en la vida (risas). Inconsciente para mandarme. Después, bueno, tengo como principio de realidad, tengo hijos, no es que estoy por las cornisas literalmente como dice Cacho. Literalmente no, Simbólicamente si.
 
Hoy se plantea la diferencia entre lo popular y lo masivo ¿como sentís esa relación?
Lo popular es espontáneo, no hay con que darle. Porque sobrevive. Y lo masivo son dos minutos, dos años o dos décadas. Pero históricamente no es nada. Lo vanguardista es clásico, lo vanguardista es esencial y termina siendo clásico. El tema de lo clásico no tiene que ver con la postura de una peluca del siglo XVI. Lo clásico es lo esencial, para mí. Te hablo de Hendrix o Zappa. ¡Luis Alberto Spinetta! ¡Nos rompió la cabeza! Yo era chiquita, un día lo vi por televisión, en blanco y negro, cantando una canción que me acuerdo que era “hoy todo el día en la ciudad” ¡y me partió la cabeza! En ese momento, yo era adolecente y lo vi al flaco y dije - wooow. Y despues, el surrealismo.
Mis hijos tienen a Luis como Dios y yo digo: “que buena onda”. Pero por otro lado pienso, que cagada que no pase otra cosa. Pero después digo ¿Por qué hay que protagonizar siempre el momento histórico? Bajemos el nivel de egos, o de hedonismo, y tomemos de los grandes. Nutrámonos de lo artístico de esos padres. Mis hijos tienen ese padre. Yo lo tuve como par. Y mis padres, que me nutrieron en algún momento, son (Homero) Manzi, (Enrique) Cadícamo. Ya tengo la Info de Luis (Spinetta), de Charly (Garcia), de todo lo que es rock & roll, de Beatles. Después me di vuelta y dije: ¿de dónde vengo? ¿Como es eso?

 
¿Sentís que todo eso te influencio?

Bueno. Yo empecé a abrir mi corazón y mi cuerpo con los Beatles o los Rolling Stone. Me paso una cosa hormonal que no lo puedo explicar. Lo hormonal no se puede explicar. Era muy chiquita. Me acuerdo que la primera vez que escuche a los Beatles fue en una reunión en un salón donde mis viejos me llevaron. Yo era chiquita, tenía 11 años, y escuche a los Beatles. Un tema. Ponele, Misery, Anna. Un doble. Y me quede. Me paso algo ese día que no me lo olvide más. ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Cómo es esto? ¿Soy una mujercita? ¡No! Ahí empezó una revolución que después iba a seguir con otras revoluciones.

Básicamente tus influencias son muchísimas…

Son muchas, claro. No te olvides que nosotros hemos vivido una época riquísima. Muy rica. Y también muy intensa. Y también muy peligrosa. Pero todo eso… el que no lo atravesaba…

Hay quienes dicen que después de los 70´ no se creó nada nuevo. ¿Qué opinas de eso?

¿Por qué hay que protagonizar?  Cuando una persona se pone sobre una mesa a decir cómo puedo ser diferente, ya yo dudo de que pueda ser un artista. Tiene que vibrarlo. Y si es diferente mejor. Y si no es diferente... qué se yo. Yo no soy una creativa. Yo no soy una mina que se ponga a escribir o que se ponga a pintar. Pero dudo de la gente que se obliga a ser nueva. Y eso de que no pasó nada nuevo, yo te digo que los 80´y los 90´, en el mundo, hubo un vacío que lo globalizado fue, mal globalizado, un parate cultural. Y por otro lado, los que veníamos con Info fue descubrir músicas de otras aldeas. Pero siempre world music, no lo masivo. Aprovechamos para escuchar flamenco, sevillanas, fados. Y otros se subieron a las radios a escuchar a Madonna.


¿Sentís que hay una revalorización del Tango en el exterior?

Sí! Pero hace rato. Hay estudios filosóficos interesantísimos sobre el tango. Hay filósofos jóvenes que están hablando todo el tiempo del tango. Es la propuesta de ver al otro. El encuentro. Todo lo que es simbólicamente la otra edad, le decía yo. De los cuerpos. Los jóvenes en España (es un papelón) te van a decir: Adriana, ¿bailas un tango? Y yo les digo que no. Que no bailo, canto. ¡¿Pero cómo? ¿No sabes bailar un tango?! Y no, no se bailar un tango. Ni Ahí, ni en Holanda. No sé, yo canto. Pero todos están en el tema. El que no escucha tango baila tango. Obviamente los pibes que eligen el tango en todo el mundo tienen una cabeza muy particular. En general, o son muy populares, o son muy leídos. O son muy buscadores. Son muy copados. Son sectores más bien progres. Curiosos, fundamentalmente curiosos... Y apasionados.

Pensas que el tango se puede “vestir de barrio”, andar por Pompeya y, en ocasiones, vestir de etiqueta para quedarle muy bien a Recoleta.

Y si! Ese es el tema. Ahí va. Cadicamo siempre lo dice. Por que en esa movida de Paris en esos años estuvieron todos, Hemingway,  En midnight, la película de woody Allen, donde justamente en el 20 un escritor atraviesa el tiempo medio mágicamente se encuentra con Sartre, con Hemingway, con Picasso, con un monton de escritores, y bueno aca estuvo Cadicamo y me lo contaba a mí. Yo estuve con este, este y este y yo decía wooow. ¿Qué fuerte no? Es como otro Siglo, con esas mujeres blancas, esas boquillas largas (me sale esa cosa de mina, romántica). Y el chabón que iba al frente que se tomaba todo y escribía. Esos eran lugares de mucha mistura. Estaba el aristócrata, estaba Dali y estaba el chabón que terminaba mal. El tango era esa época. El principio de los 20 te diría. Entonces esta empapado de todo eso. De toda esa cultura que nosotros no hemos mamado. No hemos atravesado vivencialmente la tenemos ancestralmente. Entonces, es universal.

 
*fragmento y adaptación de la nota realizada a Adriana Varela para la revista El Cruce - Agosto 2013.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Pizzería Mingo, Un clásico en Luis Guillón

Por Luis Alberto Climenti

La pregunta de “cuantas pizzas preparó durante su vida” fue el disparador. La sonrisa cómplice se pintó en su cara y la respuesta fue una incógnita. Podemos tener la certeza que la cifra superará las miles. “Hace más de treinta años que estoy en esto” cuenta el actor principal con orgullo.

Pizzeria Mingo, Una perla para muchos de los vecinos
Domingo Vatrella, más conocido como “Mingo”, es un inmigrante Italiano que llego a nuestro país allá por la lejana década del ´50. Seguramente llego a nuestro país con las valijas cargadas de sueños que más tarde se cristalizaron en sus pizzas. “Siempre trabajé en pizzería, y en panadería” nos cuenta Mingo con un dejo de nostalgia.
Cuando nos habla no puede ocultar el acento de su lengua de origen. Uno entra a su pizzería ubicada a metros de la rotonda de Llavallol y se respira un aire italiano en pleno Gran Buenos Aires.  La mezcla de olores y sabores nos reciben siempre con amabilidad. “Las pizzas de Mingo son las mejores que probé” nos cuenta un cliente durante nuestra visita al local (personalmente, doy fé de eso).
Nuestro maestro pizzero no se pone colorado por el elogio y redobla la apuesta. Nos cuenta que jamás tiro un volante o hizo publicidad. Solo se apoyo en el “boca en boca” y en el sabor de sus pizzas para hacerse conocido.
Si en Esteban Echeverría existiese un circuito turístico o gastronómico, La pizzería de Mingo sería un punto obligado a visitar en Luis Guillón. Para muchos, sus pizzas ya son una tradición. Han compartido la mesa de los vecinos del barrio por años. Arranco en 1982 y estuvo hasta 1994 en Loma Verde. Luego, en 1996, abrió su local en Boulevard Buenos Aires n° 1978 en Luis Guillón y hasta el día de hoy sigue a paso firme. Sus pizzas vistieron las mesas de las familias de la zona por años. Han compartido festejos, emprendimientos, cenas con amigos, partidos de fútbol y miles de reuniones entre “Guillonenses”.
“Algunos clientes de Loma Verde siguen viniendo acá, la gente no te cambia así porque si.” cuenta Mingo.
Cuando uno entra al local observa un orden y una limpieza que son una marca registrada. Un cartel rojo fileteado describe los más de 50 sabores de pizzas que se preparan en el lugar.
Mingo siempre luce un impecable guardapolvo celeste con el que marca la cancha y demuestra el respeto por su trabajo. Cuando uno realiza el pedido en caja, siente como la maquina se pone en marcha. En un cajón largo bajo la mesada de trabajo hay bollos que se acomodan prolijamente. Los guarda celosamente. Como si fuese un ritual, Mingo saca uno de esos bollos enharinado. Sus manos comienzan a evocar a los maestros pizzeros italianos dueños de las recetas ancestrales de la buena pizza. Como no podía ser de otra manera, todo va tomando forma y sabor.
“Para mí los clientes son todo, yo doy todo por ellos. Ellos saben que si se cae un pedacito de mozzarella  al piso no va a parar a la pizza. A los clientes hay que cuidarlos, trato de darles lo mejor” nos cuenta mientras nos convida una porción de una faina de gusto particular: “tomá, invitación de la casa” - nos dice. La faina empieza a “calentar” los sabores del paladar y nos hace entrar en clima. La pizza sale por primera vez del horno que se ubica en el fondo, detrás del mostrador. Un poco de mozzarella, panceta y huevo rallado se van acomodando sobre una capa de tomate. Mientras Mingo nos muestra una sonrisa dice, “Esto es todo light”. Luego, la pizza vuelve a entrar al horno para culminar con la obra maestra.
Si todavía no lo conocen, les sugiero que pasen por su local, disfruten de su amabilidad, su atención y, sobre todo, de sus exquisitas pizzas. Adelante Señores! La mesa está servida!

Especial Argentina Campeón del Mundo

El seleccionado argentino salió campeón del mundo luego de igualar con Francia 3-3 y ganar por 4-2 en la definición por penales. Asi pudo gr...